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Cuando nos detenemos a pensar que la adolescencia no es sólo un período de intenso desarrollo corporal, sino también de desarrollo moral e intelectual, resulta lógico y comprensible que ésta sea una etapa tumultuosa y confusa para muchos chicos y chicas.
A pesar de las percepciones negativas que a veces tienen los adultos sobre los adolescentes, éstos a menudo son enérgicos, generosos, idealistas y tienen un gran interés por lo que es justo y correcto. De modo que, a pesar de que puede ser un período de conflicto entre padres e hijos, la adolescencia también es un período para que a nosotros nos ayuden a madurar, en fin de que nos puedamos convertir en personas adultas.
Hablar de los adolescentes es referirse no solo a los cambios físicos propios de la pubertad, sino, también, a los cambios psicológicos y emocionales que les hacen abordar las relaciones sociales y familiares de una forma ambivalente: se creen con el derecho de demandar independencia y cuestionan continuamente a las figuras de autoridad y las normas sociales y, sin embargo, internamente sienten el vértigo que produce plantearse una vida autónoma en la que el enfrentamiento a las decisiones diarias es constante.
La forma de pensar y el carácter les cambia, sus comportamientos tienden a ser más independientes, desarrollan su propia identidad, cambian sus puntos de vista, pensamientos y creencias. Fruto de la necesidad de probar y de descubrir, al adolescente le cuesta aceptar consejos e indicaciones, especialmente de los adultos y aunque piensen que su criterio es el correcto y que a ellos no les puede pasar nada, se sienten inseguros. Les cuesta tomar decisiones, porque aún no tienen recursos. Tienden más a satisfacer sus necesidades inmediatas, sin valorar las consecuencias a largo plazo. Les preocupa especialmente su imagen ante los demás, sobre todo ante su grupo de amigos que cobran especial importancia.Esto, unido a la necesidad de intimidad, hace que las relaciones familiares queden en un segundo plano.
Realmente para el desarrollo de su personalidad necesitan un lugar propio y privado, donde la presencia de los adultos no suele ser bien recibida. El adolescente también tiene pensamientos y preocupaciones, aunque ajustadas a su edad. Esto es un indicador de madurez. Necesitan libertad y autonomía, tener derecho a guardar cosas para ellos mismos o a estar solos, si eso es lo que quieren.En definitiva, ser independientes.
Sin embargo, gestionar la independencia no es fácil y requiere un aprendizaje. Este aprendizaje conlleva la adquisición de unas habilidades personales y sociales que les posibilite controlar el riesgo. Las habilidades se deben entrenar en la adolescencia temprana -de diez a trece años- o, como muy tarde, durante la adolescencia media: de los catorce a los dieciséis años. Si se llega a la adolescencia tardía -de los diecisiete a los diecinueve años-, sin haber adquirido un buen control emocional, un buen entrenamiento en los valores morales y una buena capacidad para tomar decisiones, el adolescente se encontrará en una situación de vulnerabilidad.
A esta edad el individuo ya está muy próximo a ser adulto y, por lo tanto, no solo necesitará distanciarse definitivamente de sus padres, sino que se expondrá a situaciones que ya le son permitidas socialmente relaciones sexuales, conducción, tabaquismo y a otras que crean más alarma drogas, alcohol.Si se ha seguido un buen desarrollo madurativo, a los diecisiete años se podrá ser resistente a la frustración inmediata siendo capaz de demorar el refuerzo, manejará situaciones de pérdida sentimental sin creer que se acaba el mundo, podrá controlar esa sensación de inmunidad que le impide percibir los riesgos de alguna conducta. Tendrá muchas posibilidades de ser una persona adaptada. Sobrevivirá a la adolescencia.
Para los profesores : ¿ Cuál ha sido su mejor etapa de la vida ?
Infancia
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Para los alumnos : ¿ Como estan pasando su adolescencia ?
Saludos : Lucas Carbajal, Fernando Morena, Franco Ferrer